Artemis II
Escribo estas líneas el mismo día que la misión Artemis II con sus cuatro astronautas a bordo regresaba con éxito a la Tierra tras su histórico vuelo de circunvalación lunar. ¿Una mera «repetición» del Apollo 8 de hace nada menos que 58 años? Si hacemos caso a los, en mi opinión, excesivamente optimistas y ambiciosos planes de la NASA, es solo el principio de una nueva exploración tripulada de la Luna, esta vez para establecer una presencia humana permanente en nuestro satélite.
Obviamente, para los medios y el público en general, lo relacionado con el espacio siempre es mucho más llamativo y espectacular si hay astronautas involucrados. Artemis II no ha sido una excepción, a pesar de que la desinformación también ha tenido su cuota de protagonismo. Aun así, no deja de parecerme cuando menos forzado que se introduzca justificación «científica» en una misión como esta, de mera demostración tecnológica, como si los ojos humanos y unas cuantas fotografías fuesen a ser de gran utilidad.
Soy un firme defensor del uso de robots para la exploración del Sistema Solar, algo mucho más barato, rentable y seguro que mandar seres humanos, con toda nuestra fragilidad, a un medio tan hostil como es el espacio.
Sin embargo, igualmente me he emocionado viendo las imágenes de la Luna y la Tierra tomadas por Wiseman, Glover, Koch y Hansen, nombres que van a quedar en los libros de historia de la astronáutica. Mirar a la Luna en esos días de la misión, pensar «hay gente ahí arriba», y ver los vídeos de estos astronautas con sus reacciones de asombro, sorpresa y maravilla, aunque suene tópico, me hace reconciliarme con el espíritu curioso y explorador del ser humano. Bravo por ello, y veremos qué nos depara el futuro, con todas sus luces y sus sombras. ¿Qué hay más humano que esto?
Ángel Gómez Roldán Director y Editor Astronomía Magazine






