No os dejéis engañar por las apariencias
Cada vez que veo funcionar un Seestar me siento como un troglodita. La primera vez que vi uno fue en un campo de observación mientras yo montaba mi robusto, pesado y sofisticado telescopio con cámara CMOS, autoguiado, ordenador portátil, enfocador automático, rueda portafiltros… me reí entre dientes; ahora me muero de vergüenza al recordarlo. Mientras yo hacía largas exposiciones y acumulaba decenas de FITS (que después tenía que calibrar, sumar y procesar en casa) el susodicho Seestar, de 2,5 kg de peso y una curva de aprendizaje más simple que el mecanismo de un botijo, nos impresionó a todos con sus rápidas y deslumbrantes imágenes.
Jordi Lopesino
Artículo completo en la revista de marzo de 2026.







