Un cúmulo, no una nebulosa

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Blog_Hablamos de_M28_Mayo_2019
Cúmulo globular M 28 a partir de datos de las cámaras WFC3 y ACS del Telescopio Espacial Hubble obtenidos el pasado mes de marzo. (ESA/Hubble y NASA, J. E. Grindlay et al.)

Cuando el astrónomo Charles Messier añadió este objeto en su catálogo con la denominación M 28 en el siglo XVIII, se refirió a él como «nebulosa que no contiene estrellas». Por entonces se usaba la denominación de nebulosa para cualquier objeto de apariencia difusa y sin detalle. De hecho, en su catálogo de 110 objetos, Messier clasifica como nebulosas objetos tan diversos como cúmulos estelares, galaxias o remanentes de supernovas. Un error disculpable por la lejanía de elementos como este. Incluso hoy en día con prismáticos y telescopios pequeños la apariencia del cúmulo es difusa y nebular, siendo necesario el empleo de telescopios más grandes para identificar la existencia de estrellas individuales en su interior.

Así que en realidad M 28 es un cúmulo globular que orbita a nuestra Galaxia, la Vía Láctea, en la dirección de la constelación de Sagitario. Se encuentra a 18 000 años luz de distancia. Además es un cúmulo singular por alojar el púlsar PSR B1821–24, invisible en el rango óptico. Se trata de una estrella de neutrones que gira a una velocidad muy elevada emitiendo un pulso con un periodo de milisegundos, como si fuese un faro cósmico. Su descubrimiento fue posible mediante un radiotelescopio en la década de los 80 del siglo pasado.