MÁS CERCA DEL SOL QUE NUNCA

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Impresión artística de la Parker Solar Probe. (NASA/Johns Hopkins APL/Steve Gribben)

El pasado mes de agosto, si todo fue bien, una sonda de la NASA y del laboratorio de física aplicada de la Universidad Johns Hopkins, despegó del Centro Espacial Kennedy con destino al mismo centro del Sistema Solar. Que, obviamente, es nuestra estrella, el Sol, donde se concentra el 99 % de la masa de este diminuto barrio de la Vía Láctea.
La Parker Solar Probe, que es como se llama en honor a un eminente físico solar, Eugene Parker, hará nada menos que siete sobrevuelos al planeta Venus a lo largo de seis años para ir reduciendo gradualmente su órbita alrededor del Sol, con un perihelio que la llevará a poco más de 6 millones de kilómetros de la estrella en diciembre de 2024. Esta distancia es siete veces más cercana que la mayor aproximación jamás realizada por una nave espacial –y recordemos que Mercurio, el planeta más próximo al astro rey, se halla a 46 millones de kilómetros de este en su perihelio–.
Para poder estudiar al Sol desde tan cerca, la sonda lleva un escudo térmico especial que será capaz de soportar temperaturas de hasta 1400° C. Los principales objetivos científicos de esta misión son tres: caracterizar el flujo de energía que calienta la corona solar y acelera el viento solar; determinar la estructura y la dinámica del plasma y los campos magnéticos que dan origen al viento solar; y explorar las mecanismos que aceleran y transportan las partículas energéticas emitidas por el Sol.
De este modo, la sonda solar Parker nos dará información de primera mano para entender la actividad del Sol y hará contribuciones fundamentales para que seamos capaces de predecir las tormentas magnéticas que pueden afectar a nuestro planeta.