Los cimientos del gigante

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Blog_1_diciembre_2019
La base del ELT, a vista de dron. (G. Hüdepohl/ESO)

Esa imagen, tomada hace pocas semanas en la cumbre del Cerro Armazones, en los Andes chilenos, muestra el estado actual de los trabajos de construcción del que será, en unos años, el mayor telescopio óptico-infrarrojo del mundo: el Extremely Large Telescope, o ELT.

Con un apabullante conjunto de 798 espejos hexagonales de 1,4 metros de diámetro, que configurarán el equivalente de un espejo monolítico de más de 39 metros de abertura, el ELT convertirá al resto de los telescopios gigantes de 10 metros de hoy en día en unos simples enanos. Fruto de la iniciativa del Observatorio Europeo Austral, ESO, este Telescopio Extremadamente Grande –nombre práctico, pero con poca imaginación, la verdad– espera estar completado a partir de mediados de la próxima década. Emplazado a pocos kilómetros de Cerro Paranal, el observatorio insignia del ESO, y situado a 3000 metros de altura sobre el nivel del mar, Armazones y el ELT supondrán, y a pesar de que suene a tópico, una auténtica revolución en nuestro conocimiento del universo.

Podemos hacernos una idea de la escala de este titán de la astronomía comparando el tamaño de los vehículos de los trabajadores aparcados al lado de la excavación de los cimientos del edificio que albergará el telescopio. Justo en el centro del hoyo circular vemos una pala mecánica removiendo el árido terreno; apenas un juguete en medio de esta colosal obra.

Junto con su homólogo de 30 metros de abertura en el hemisferio norte, el TMT, que se ubicará en Hawái (o, quién sabe, La Palma), o con complejos de radiotelescopios a escala planetaria como el SKA, todos estos gigantes nos abrirán un insólito mundo de posibilidades en la observación astronómica dentro de no muchos años. ¿Qué maravillas se presentarán a estos «nuevos ojos»? Nos aguardan tiempos excitantes…