EL CIELO DEL MES DE NOVIEMBRE

Calendario astronómico

  • Día 8: cuarto menguante.
  • Días 12, 13 y 14 al amanecer: la Luna visita a Venus y Mercurio.
  • Día 15: Luna nueva.
  • Día 17: máximo de la lluvia de las leónidas.
  • Día 19 al anochecer: la Luna visita a Júpiter y Saturno.
  • Día 22: cuarto creciente
  • Día 25 al anochecer: la Luna visita a Marte.
  • Día 30: plenilunio y eclipse penumbral (no visible desde España).

Y también este mes…

  • Marte empieza a perder brillo
  • Venus, «lucero matutino» junto a Mercurio.
  • Tauro, Auriga y Perseo.

Con el cambio de hora en Europa, el anochecer se produce temprano y las noches siguen alargando, lo que nos ofrece más tiempo para admirar el cielo nocturno. En Madrid, el 15 de noviembre el Sol sale a las 8:01 y se pone a las 17:57 hora peninsular española, dando un total de unas 10 horas de luz. El calendario de este mes se abre, de nuevo, prácticamente sincronizado con el ciclo lunar: el día 1 de noviembre la Luna estará casi llena, ya que el plenilunio tiene lugar la víspera, el 31 de octubre.

Venus sigue dominando el cielo al alba, ya que se mantiene muy brillante sobre el horizonte este-sureste, pero poco a poco va perdiendo altura sobre el horizonte según avanza el mes. Este mes lo acompaña además Mercurio, algo más bajo y menos brillante. Aunque  con un horizonte despejado puede llegar a verse durante todo el mes, los mejores días para observar Mercurio se sitúan entorno al 10 de noviembre, cuando el planeta más interno del sistema solar alcanzará su máxima separación respecto al Sol visto desde la Tierra (19 grados). Además, como colofón, los días 12, 13 y 14 de noviembre la Luna menguante pasará junto a Venus y Mercurio. Con un espectáculo así, merece la pena madrugar para empezar el día inspirados.

 

 

Durante el comienzo de la noche, los planetas Júpiter y Saturno son visibles sobre el horizonte suroeste, donde siguen situados en la constelación de Sagitario. Júpiter se distingue claramente por ser el más brillante de los dos. El día 19, la Luna creciente se situará muy cerca de Saturno.

 

Marte es visible durante la práctica totalidad de la noche, aunque va perdiendo brillo según avanza el mes. Está situado en la constelación de Piscis. Además, el día 25 de noviembre al anochecer, la Luna creciente pasará muy cerca de Marte, formando un curioso dúo rojo y blanco.

A lo largo de todo el mes es posible ver estrellas fugaces de la lluvia de las leónidas. Se trata de restos del cometa Tempel-Tuttle, que entran en la atmósfera terrestre a grandes velocidades y se desintegran, dejando atrás un efímero surco de luz. Los mejores días para observar esta lluvia de meteoros son entorno al 17 de noviembre, en cuya madrugada ocurre la máxima actividad. La ausencia de Luna esos días contribuye a una observación más favorable. Como siempre, los cielos oscuros son preferibles para observar las lluvias de estrellas, alejados en la medida de lo posible de la contaminación lumínica.

El mes se cierra con Luna llena el día 30 de noviembre. Además, ese día tendrá lugar un eclipse penumbral de Luna, que será visible desde América y partes de Asia. La Luna no entra de lleno en la sombra terrestre, sino que cruza la llamada penumbra, donde una fracción de la luz que recibe es bloqueada por la Tierra. Incluso desde los lugares con mejor visibilidad, estos eclipses son sutiles y pueden ser muy difíciles de apreciar a simple vista.

 

Las largas noches de otoño permiten ver un gran número de constelaciones transitando por nuestros cielos. A medianoche, en el hemisferio norte, destacan sobre nuestras cabezas Tauro, Auriga y Perseo, tres constelaciones que se encuentran muy próximas entre sí. En Tauro, el toro, encontramos dos hermosísimos cúmulos abiertos de estrellas, las Pléyades y las Híades. Ambos son visibles a simple vista (el primero se conoce popularmente como «Las siete hermanas»), aunque con binoculares pueden resultar incluso más impresionantes. En Perseo, el héroe mitológico que decapitó a la Medusa, encontramos también dos cúmulos adyacentes y muy interesantes, NGC 869 y NGC 884, conocidos en su conjunto como el Cúmulo doble de Perseo. Al igual que las Pléyades y las Híades, el Cúmulo doble de Perseo es visible a simple vista, y se trata de un excelente objetivo para binoculares o un pequeño telescopio. Todos estos cúmulos abiertos son grupos de estrellas que se cree que se formaron a partir de una única nube molecular, y presentan una morfología más irregular y menos compacta que los cúmulos globulares. Pueden contener cientos o incluso miles de estrellas en los casos más extremos.

¡Disfrutad del cielo este mes!

 

Texto e imágenes:  Observatorio Astronómico Nacional-IGN, https://astronomia.ign.es