El brillo de la noche

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El brillo de la noche
Airglow verde desde el Observatorio del Teide. (Juan Carlos Casado)

El brillo de la noche

Asociamos la noche con la oscuridad, pero el cielo nocturno no es completamente oscuro. Incluso en los lugares más aislados, la bóveda celeste brilla. La Luna, la Vía Láctea, las auroras o la luz zodiacal son algunos de esos elementos que emiten luz durante la noche. Es lo que se conoce como contaminación lumínica natural.

También existen elementos artificiales que contaminan la oscuridad de la noche, como las luces de las ciudades; cuando están mal dirigidas, son excesivamente brillantes o utilizan colores blancos o azules, que impiden ver las estrellas y afectan a la vida que les rodea. Sin embargo, cuando no tenemos ninguno de esos tipos de contaminación (ni natural, ni artificial) somos capaces de ver un brillo que se produce en las capas altas de la atmósfera y que varía según la época del año, la localización geográfica o el ciclo solar.

Pero para hablar de oscuridad y brillo del cielo, hay que poder cuantificarlos. Un reciente estudio, liderado por investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), ha analizado datos recogidos en cuarenta y cuatro de los lugares más oscuros del planeta. Con ellos han desarrollado el primer método de referencia para medir el brillo del cielo nocturno natural con fotómetros de bajo coste.

Alejandra Rueda

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Astronomía Noviembre 2021- Edición digital

Astronomía Noviembre 2021 No 267- Edición Impresa