Editorial noviembre 2022

Impactos

A finales del pasado mes de septiembre, y tal y como reseñamos en distintas secciones de la revista (Cuerpos Menores y Cuenta Atrás, entre otras), la sonda DART de la NASA se «inmolaba» chocando con el pequeño asteroide Dimorfos, una luna del asteroide Dídimos. El propósito de esta misión era probar una defensa planetaria activa: ¿somos capaces de alterar la trayectoria de un asteroide para evitar que, dado el caso, pueda colisionar con la Tierra?

DART, del tamaño de un coche pequeño, impactó contra un objeto comparativamente tan grande como la Gran Pirámide, y si ha conseguido cambiar el periodo de la órbita de Dimorfos en torno a Dídimos habrá sido en apenas unos milímetros por segundo, pero ello demostraría la posible eficacia del sistema. Quedan meses de observaciones cuidadosas desde Tierra para estudiar a los dos asteroides y comprobar si DART ha logrado dar un leve empujón a la «pila de escombros» que es Dimorfos, y en unos pocos años la sonda europea Hera visitará el sistema de asteroides para ver de cerca los efectos del impacto.

No es la primera vez que se hace chocar intencionadamente una nave espacial con un cuerpo menor del Sistema Solar, en el año 2005 la sonda Deep Impact lanzó un proyectil de 375 kg de peso al núcleo del cometa Tempel 1, de 7,6 × 4,9 km de tamaño, levantando una gran nube de polvo y creando un cráter de unos 150 metros de diámetro.

Como en el caso de Deep Impact, DART ha generado gran expectación mediática, sin duda debido a ese sentimiento de seguridad que nos da a los seres humanos la ilusión de controlar las fuerzas de la naturaleza. Ojalá no tengamos que comprobar nunca si somos capaces o no de desviar un asteroide o un cometa, pero, además de tener esta opción, mucho mejor haríamos en tratar de proteger al planeta y a la humanidad del peor cometa o asteroide que conocemos y que ya ha impactado con graves consecuencias: nosotros mismos.

 

Ángel Gómez Roldán     Director AstronomiA Magazine