Editorial febrero 2022

Empieza la era Webb

A día de escribir estas líneas, a primeros de enero, nos llega la noticia de que el telescopio espacial James Webb ha finalizado con total éxito su despliegue. A más de un millón de kilómetros de distancia, con su parasol completamente extendido, y sus espejos primario y secundario todos en su lugar, ahora poco a poco irá enfriándose protegido de la luz del Sol hasta alcanzar unos 230 °C bajo cero. Tiene por delante un largo y complejo periodo de ajustes y calibraciones en su óptica e instrumentos y una todavía mayor bajada de temperatura operacional, esperándose que las observaciones científicas empiecen el próximo verano.
Este ha sido no solo un hito del recién empezado 2022, sino probablemente uno de los logros más destacados en la astronomía del siglo XXI. Al igual que en los años 90 el Telescopio Espacial Hubble abrió una nueva etapa, el James Webb –y a pesar de que suene a tópico– sin duda va a revolucionar muchos campos de la astronomía.
El logro conseguido con tener un telescopio como el Webb en el espacio (¡de nada menos que 6,5 m de abertura!, es que es MUY grande), y camino de estar plenamente activo es un testimonio de lo que un gran equipo multinacional de miles de personas dedicado, pasional y altamente cualificado puede conseguir trabajando duramente. El proyecto del James Webb nació poco después del lanzamiento del Hubble, y ahora mismo, casi treinta años después, se ha hecho realidad. Y precisamente se están desarrollando hoy ideas para un futuro telescopio espacial de hasta 15 metros de abertura, como el LUVOIR.
No sé si se tardarán otras tres décadas en tener semejante monstruo en órbita, pero por ahora vamos a esperar pacientemente a que el flamante James Webb se enfríe y se ajuste para empezar a tener un nuevo y maravilloso ojo mirando a las profundidades del Cosmos.

Ángel Gómez Roldán     Director AstronomiA Magazine